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El Cuatro Puertorriqueño - Por: José A. Rivera Colón (Tony Mapeyé)

Evocar el cuatro puertorriqueño es evocar a Puerto Rico y su impresionante riqueza cultural.  Del origen de este instrumento,que sintetiza quizás como ningún otro, todo lo autóctono de nuestro país, se conoce muy poco.  A pesar de que se especula que sus antecedentes pueden estar en el laúd árabe o la vihuela española, resulta imposible hasta el momento documentar su origen y desarrollo ya que no se ha realizado ningún estudio o investigación histórica, basados en fuentes primarias o secundarias que nos permitan llegar a conclusiones confiables unidas a cualesquiera otra información que se pueda tener.

Sin embargo lo que sí se puede documentar es que su presencia inequívoca en la tradición puertorriqueña, en la vida citidiana de nuestro pueblo, junto a algunas de las transformaciones por las que atraviesa en las primeras décadas del presente siglo.   De los tres instrumentos señalados como puramente típicos como el tiple, la bordonúa y el cuatro, es éste último el que logra el favor del pueblo hasta convertirse en símbolo de lo puramente puertorriqueño.

En la construcción del cuatro puertorriqueño siempre se han empleado maderas del país, siendo el guaraguao, el jagüey y el cedro las predilectas para el cuerpo del instrumento.  Aunque puede construirse en piezas, los cuatristas prefieren el que se denomina en una sola pieza, tallado en un tronco de madera.  El yagrumo hembra es la madera preferida para la tapa y se dice que es la que garantiza en sonido psrticular de éste.  Para el diapasón se utiliza alguna madera dura del país como el tachuelo, aceitillo, la maga o el ausubo.  Ante la escasez de maderas duras, últimamente los artesanos emplean el ébano generalmente importado de Brazil.

Sus cuerdas están dispuestas en grupos de pares, dos primeras, dos segundas, dos terceras, una cuarta con una segunda y una quinta con una tercera.  De esta forma los pares desde la primera hasta la tercera se afinan al unísono, y la cuarta y la quinta a intervalo de una octava.  Esta combinación de cuerdas le imparte al cuatro un timbre muy peculiar y único.

Aunque el cuatro puertorriqueño sigue siendo un instrumento de carácter eminentemente popular, ya ha logrado penetrar en la sinfónica por el esfuerzo de compositores jóvenes que han compuesto para concierto de cuatro y sinfónica, siendo Ernesto Cordero uno de los más destacados.  De estra forma el repertorio del cuatro se extiende desde los tradicionales seis, aguinaldos, danzas, mazurcas y guarachas hasta los más intricados pasajes de la Fuga Núm. 3 de Juan S. Bach y fino lirismo de Antonio Lauro en su Vals Núm. 3 proyectándose más allá de lo que pudieron imaginas nuestros abuelos. De aquí en adelante todo es posible.

Entre los intérpretes que ha tenido nuestro cuatro cabe señalar a Jesús Osorio López (Maestro Jesús), Heriberto Torres, Joaquín Rivera (El Zurdo), Prudencio Meléndez, Piní Maldonado y Ladislao Martínez Otero (Maestro Ladí).  A Ladí se le reconoce una gran aportación en el desarrollo de técnica para el instrumento así como el amplio legado de repertorio para éste.  As también son reconocidos intérpretes Manuel Nieves Quintero, Iluminado Dávila, Sarrail Archilla, Pascual Meléndez, José Rodriguez y Maso Rivera entre otrs, con aportaciones de gran mérito en la técnica y el repertorio.

En la actualidad es alentador y significativo a la vez, ya que confirma todo lo expresado en cuanto a la vigencia de este instrumento en el sentimiento colectivo de nuestro pueblo, ver la gran cantidad de intérpretes jóvenes que sin duda continúan aporatando creativamente al desarrollo de nuestro instrumento nacional.  Entre ellos se destacan Pedro Guzmán, Miguel Cubano, José González, Prodigio Claudio, Modesto Nieves, Michael Camarero, Neftalí Ortiz, Víctor Ehevarría, Ediberto López, José A. Torres, Christian Nieves y Edwin Colón Zayas.  De este grupo destaco dos en especial. Uno por su fina y lírica inspiración que lo ubica como uno de los compositores jóvenes, para el cuatro, más desatacados en la actualidad.   Me refiero a Modesto Nieves del pueblo de Naranjito.  El segundo con una técnica limpia y segura, de una brillante y precisa ejecución: Edwin Colón Zayas de Orocovis.

Todos ellos: los antes, los de ayer, los de hoy y por qué no, los de mañana, unen siglos de historia y anhelos, de música y tradición viva, porque a fin de cuentas Puerto Rico, o sea, nosotros, somos la suma de todos ellos.